Por David Escobar Gómez
(En homenaje a la bajeza de los desempleados
irredentos)
Un niño, de los de hoy, diga usted de los que
están concentrados moviendo sus pulgares y su mirada fija en un aparato
electrónico, se le acerca su padre y le
habla.
–
¿Cómo te
fue en colegio, hijo?
–
Bien…
–
¡Te estoy hablando!
–
…te estoy escuchando…
–
¿Y las calificaciones?
–
…¿cuales?
–
Pues las tuyas.
–
…ah, sí.
–
¿Sí, qué?
–
…pues que yo no califico…¡me califican!
–
Bueno, soy tu padre, y quiero saber cómo te
califican los profesores.
–
¿Para qué quieres saber…?
–
¡Oye! No me contestes de esa manera, pues me
preocupa.
–
Pero sí el calificado soy yo, papi, cógela
suave…
–
¡Quiero saber!..¡carajo!
–
¿Qué ganas con saber la forma como me califican
los profesores...ah?
–
Porque quiero ver si estás aprovechando el
tiempo, por eso, por eso, ya que te veo siempre pegado a ese aparato.
–
…ah. Estás preocupado…
–
¡Pero, mírame!
–
…espérate, ya acabo…
–
¡Rápido, que estoy perdiendo la paciencia!
–
Por eso te dije…cógela suave…
–
Ya veo, que contigo no se puede a las buenas…
–
Ve, papi, no te alborotes, que eso te puede
hacer daño.
–
Daño me haces, hijo, si te veo pegado a ese
aparato todo el día…
–
… y cuando me ves salir todos los días para el
colegio…¿qué?
–
Si, sales caminando con el aparato ese en el
manos, como un somby, que sé yo.
–
Y…¿tú crees que eso pueda afectar mi
comportamiento en el colegio, eso te preocupa?
–
¡Claro!
–
Mira, papi, si voy al colegio todos los días y
regreso, digamos que contento, pues…date por bien servido.
–
No te creas tan listo, muchachito, que para eso
están las calificaciones, y es lo que yo quiero saber…
–
Ah, es que tú crees que todo está en esas
calificaciones, ya, ya sé que es lo que te pasa…
–
Te lo repito: ¡No me gusta que me hables así! Te
exijo respeto.
–
Bueno, estamos en franco diálogo entre padre e
hijo…¿cierto?
–
Sí, pero yo como padre merezco que me trates con
respeto, que al menos me atiendas como yo aceptaba cuando mi padre me llamaba
la atención…
–
¿Tú quieres que dirimamos este asunto en el
Bienestar Familiar o ante un juez de familia?
–
Te digo a las buenas…
–
Bueno, qué quieres saber, a ver, habla y te
digo…
–
¡Quiero saber cómo te va en el colegio, no joda!
–
…uy, papi, veo que no te puedes controlar;
fíjate, yo conservo, tanto la atención a lo que estoy haciendo, como la calma
ante tus preocupaciones…¿te das cuenta?
–
Quiero que suspendas ese jueguito…¡ya¡
–
Pero me hubieras dicho desde el comienzo…¿y para
qué?
–
Bueno, porque uno como padre tiene la obligación
moral de controlarle a sus hijos el placer, el juego, la diversión, para que no
se extralimiten y sean personas de bien…
–
Fíjate, ya no te preocupan las calificaciones,
papi, ¿te diste cuenta?…
–
¡Claro que me preocupan!
–
Nombe, que vá, si el calificado soy yo…
–
Si, pero soy el que tengo que responder ante la
sociedad por tu formación…
–
No le pares bolas a esa vaina…y dame un billete
que necesito, pues tengo que comprar unas pilas.
–
¡Que suspendas esa maricada te digo¡
–
¿Para qué?
–
Para que vayas a la tienda y me compres unas
cervezas, que hace mucho calor. Te tomas un guarapo…
–
¿Eso qué es?
–
Hombe, una chicha, sea limonada, cualquier
refresco…
–
Herda, viejo, estás en nada; ponte a lavar los platos es lo que
debes hacer mientras voy a la tienda; viene mi mamá, y te arma mierdero de
combate, y seguro no te deja salir y no vas a poder visitar a tu amiguita,
jejeje…
Fin
No hay comentarios:
Publicar un comentario